Whoosh consolida la nueva era de la micromovilidad en América Latina

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La irrupción de Whoosh en América Latina no fue un movimiento improvisado, sino una entrada cuidadosamente planificada que capitalizó el vacío dejado por la primera ola de operadores de scooters eléctricos.

Tras la pandemia, varios de ellos abandonaron mercados clave debido a la fragilidad técnica de sus flotas, la inmadurez de sus modelos de negocio y el desconocimiento de los desafíos urbanos latinoamericanos.

Whoosh identificó esa ventana de oportunidad y decidió ingresar con una propuesta completamente distinta: scooters de última generación diseñados para resistir el vandalismo, protocolos estrictos de mantenimiento y un servicio logístico profesionalizado que le permitió operar con altos estándares desde el primer día.

El impacto fue inmediato. En Chile, la empresa rápidamente se posicionó como líder del mercado gracias a una combinación de confiabilidad, disponibilidad y orden operativo inusual en la región.

En Brasil, su presencia se consolidó con rapidez, demostrando que la micromovilidad podía superar las barreras que habían frenado a los pioneros del sector.

La validación de los usuarios ha sido fundamental: Whoosh se convirtió en sinónimo de servicio estable, vehículos seguros y una experiencia urbana consistente, y sobre esa base realiza una expansión de sus operaciones en México y Colombia, donde ve espacio para un crecimiento exponencial.

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Micromovilidad como solución estructural

En la visión de Whoosh, la micromovilidad eléctrica dejó de ser un producto complementario o de nicho para convertirse en una pieza crucial del rompecabezas urbano.

La empresa reconoce que buena parte de las ciudades latinoamericanas vive una crisis de congestión crónica, con trayectos que pueden requerir hasta dos horas para recorrer apenas 10 kilómetros.

Frente a esta realidad, las scooters eléctricas han emergido como la respuesta más rápida y eficiente para cerrar las brechas de la última milla, reduciendo tiempos de viaje y descongestionando las redes de transporte público.

A largo plazo, la compañía busca ocupar un rol más amplio: convertirse en un socio estratégico de los gobiernos locales.

La información que generan sus millones de trayectos le permite entregar evidencia de uso real para el diseño de ciclovías, la priorización de inversiones públicas y la planificación urbana de los próximos años.

Esta dimensión es clave para los compromisos climáticos de la región: cada viaje que sustituye un trayecto en automóvil contribuye directamente a las metas de reducción de emisiones establecidas para 2030 y 2050, y Whoosh aspira a ser parte activa de esa transformación.

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Operación basada en datos, logística e innovación

Aunque los scooters visibles en las calles representan la cara pública del servicio, el diferencial de Whoosh está en lo que ocurre detrás de escena.

La empresa ha construido una arquitectura tecnológica que permite monitorear la flota en tiempo real, gestionar la ubicación óptima de los vehículos, anticipar fallas y coordinar a los equipos logísticos con precisión milimétrica.

Esta plataforma interna, alimentada por datos de uso y por algoritmos de optimización, permite que casi ningún vehículo permanezca inactivo más de unas horas, aumentando la disponibilidad y reduciendo costos operativos.

Uno de los logros más notables es la durabilidad de la flota desplegada en 2023: más del 80% de esos vehículos continúa en circulación tras más de 10 millones de viajes acumulados en la región.

Ese desempeño se explica por un sistema de mantenimiento preventivo basado en umbrales técnicos y en modelos predictivos que alertan de posibles fallas antes de que afecten la experiencia del usuario.

La seguridad es otro pilar: ningún scooter puede permanecer en calle si no cumple con los estándares internos, y cada incidencia es reportada y procesada de forma centralizada para acelerar los tiempos de reparación.

Inteligencia artificial para maximizar eficiencia

La compañía reconoce que la inteligencia artificial y el Machine Learning se han convertido en herramientas esenciales para operar flotas de gran escala.

Whoosh utiliza modelos de mantenimiento predictivo para extender la vida útil de los componentes clave, algoritmos de rebalanceo que determinan la recarga óptima de cada vehículo y análisis avanzados para predecir curvas de demanda o patrones de abandono entre usuarios.

La empresa también ha experimentado con visión por computadora para detectar comportamiento de riesgo, como viajes en tándem, pero insiste en que tecnologías con implicaciones sensibles deben mantenerse bajo supervisión humana.

La filosofía es clara: la IA potencia la operación, pero no reemplaza la responsabilidad en temas que pueden afectar directamente la seguridad del usuario.

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Baterías intercambiables: redefiniendo la operación

Uno de los hitos más significativos de Whoosh en la región fue la introducción temprana de scooters con baterías intercambiables.

Esta innovación eliminó la necesidad de retirar flotas completas para recargarlas y permitió mantener entre el 80% y el 90% de los vehículos disponibles las 24 horas del día.

El impacto fue doble: por un lado, la eficiencia logística se multiplicó; por otro, se redujeron las emisiones asociadas al traslado de scooters hacia centros de carga, consolidando una operación más sostenible.

Este avance también corrigió una de las limitaciones más criticadas de la primera generación de operadores: la dependencia de flotas duplicadas, los altos costos operacionales y la discontinuidad del servicio.

Las baterías intercambiables, combinadas con modelos predictivos de recarga, permiten que la empresa mantenga niveles de disponibilidad que hoy superan el promedio global del sector.

Colaboración y articulación con sistemas de transporte

En paralelo a su consolidación tecnológica y operativa, Whoosh avanza en una etapa de integración urbana más profunda.

La empresa mantiene conversaciones con diversas municipalidades latinoamericanas para desarrollar beneficios asociados a los pases de transporte público, integrar su sistema en plataformas de pago urbano y aparecer dentro de aplicaciones de geolocalización que orientan los desplazamientos en la ciudad.

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Ya existen experiencias concretas, como acuerdos locales que permiten ofrecer tarifas preferenciales a residentes de determinados sectores, fortaleciendo la relación con las comunidades y contribuyendo a una movilidad más accesible.

En el sur de Chile, los datos de uso generados por la plataforma permitieron incluso que una ciudad obtuviera financiamiento estatal para la construcción de ciclovías, un ejemplo de cómo la micromovilidad puede influir directamente en las políticas de infraestructura.

Metas y expansión

Aunque la adopción de energías limpias avanza de forma desigual en América Latina, Whoosh ha establecido objetivos medibles hacia 2028: migrar toda su flota logística a vehículos eléctricos y operar todos sus centros de servicio con energía verde.

La empresa también trabaja en la certificación de sus ahorros de emisiones para convertirlos en créditos de carbono comercializables, un paso que permitirá elevar la transparencia y conectar la operación regional con los mercados globales de sostenibilidad.

En cuanto al crecimiento, 2026 será un año clave. La compañía indicó que inició operaciones en Colombia, específicamente en la ciudad de Medellín el pasado mes de diciembre, y en México, donde pronto comenzará operaciones en tres ciudades mundialistas.

Este movimiento duplicará el número de países en los que opera y representa uno de los desafíos logísticos más complejos en la historia de la empresa.

Un mensaje para gobiernos, inversionistas y ciudadanos

Whoosh sostiene que la región se encuentra al borde de un boom irreversible de electromovilidad.

Para los inversionistas, la empresa ofrece un modelo probado, escalable y respaldado por métricas operativas sólidas.

Para los gobiernos, se presenta como un socio capaz de aportar evidencia, infraestructura blanda y una herramienta efectiva para avanzar hacia ciudades más limpias y funcionales.

Para los ciudadanos, promete disponibilidad, seguridad y una alternativa real ante la congestión urbana que define la vida diaria en tantas ciudades latinoamericanas.

La compañía asegura que la micromovilidad está dejando de ser una opción secundaria para convertirse en una necesidad.

Y afirma que, con demanda creciente, presión social por descarbonizar y un ecosistema urbano en transformación, América Latina está lista para dar el salto hacia un nuevo modelo de movilidad.

Whoosh quiere ser uno de los actores que guíe ese cambio.

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2026 como año de consolidación

Más que anuncios ambiciosos, 2026 será un año para medir resultados. La movilidad eléctrica y de bajas emisiones dejará de evaluarse por el número de proyectos piloto y pasará a juzgarse por su capacidad de operar a escala, reducir emisiones reales y mejorar la calidad de vida urbana.

Para América Latina, el reto será capitalizar su experiencia en transporte público eléctrico, cerrar brechas de infraestructura y construir políticas estables que permitan que la transición no solo sea verde, sino también inclusiva y económicamente viable.

En este contexto de transformación regional, Latam Mobility invita a formar parte de la Gira de Encuentros 2026, una plataforma clave para conocer en profundidad la evolución del mercado, las tendencias tecnológicas, los modelos de negocio y las oportunidades de inversión que están definiendo el futuro de la movilidad sostenible en América Latina.

La gira recorrerá los principales mercados de la región: Monterrey y Ciudad de México, Brasil, Colombia y Chile. A lo largo de estos encuentros, líderes del sector público y privado, empresas, inversionistas y expertos internacionales analizarán el presente y futuro de la movilidad eléctrica, la innovación tecnológica, la infraestructura, la energía y la economía climática.

La transición ya está en marcha. La Gira 2026 de Latam Mobility será el punto de encuentro para acelerar decisiones, conectar actores clave y construir, de forma colaborativa, la movilidad sostenible de América Latina.