La movilidad eléctrica y de bajas emisiones entra en 2026 en una etapa decisiva. Tras una década de crecimiento acelerado impulsado por incentivos, innovación tecnológica y compromisos climáticos, el sector comienza a enfrentar desafíos más complejos: escalamiento de infraestructura, sostenibilidad de modelos de negocio, presión sobre las redes eléctricas y la necesidad de políticas públicas más maduras.
A nivel global, el transporte sigue siendo responsable de cerca del 23% de las emisiones energéticas de CO2, según la Agencia Internacional de la Energía (IEA), lo que convierte a la descarbonización de la movilidad en un eje central de las estrategias climáticas.
En este contexto, 2026 se perfila como un punto de inflexión entre la fase de adopción temprana y la consolidación estructural del cambio.
También te puede interesar | Electrificación, datos y alianzas: Latam Mobility impulsa la movilidad del futuro en su «Gira 2026»
Crecimiento global: del impulso al ajuste
El mercado global de vehículos eléctricos continúa creciendo, aunque a un ritmo más moderado que en los años inmediatamente posteriores a la pandemia.
En 2024 se vendieron más de 17 millones de vehículos eléctricos e híbridos enchufables en el mundo, y las proyecciones anticipan nuevos máximos históricos, con Asia, Europa y América del Norte concentrando la mayor parte del volumen.
Sin embargo, el foco en 2026 ya no está solo en vender más unidades, sino en integrar los vehículos eléctricos en sistemas de movilidad y energía más complejos, donde la disponibilidad de infraestructura, el costo total de propiedad y la estabilidad regulatoria serán determinantes para sostener la demanda.
Infraestructura de carga: principal cuello de botella
La expansión de la infraestructura de carga se consolida como el mayor desafío transversal de la electromovilidad.
A nivel mundial existen más de 5 millones de puntos de carga públicos, pero su distribución es altamente desigual y su crecimiento empieza a desacelerarse en algunos mercados maduros.
En 2026, el debate se centra menos en la cantidad de cargadores y más en su ubicación estratégica, potencia, interoperabilidad y modelo de operación.
La falta de cargadores rápidos en corredores urbanos y logísticos, así como la concentración de puntos en zonas de alto ingreso, plantea riesgos para la adopción masiva y equitativa de la movilidad eléctrica.
En América Latina, la brecha es aún más evidente. Brasil, México y Chile concentran la mayoría de los cargadores públicos de la región, mientras que otros países avanzan lentamente, lo que refuerza la necesidad de planificación regional y marcos regulatorios claros.

Electrificación del transporte público
Uno de los elementos donde América Latina muestra liderazgo global es en la electrificación del transporte público.
Ciudades como Santiago, Bogotá, São Paulo y Ciudad de México han incorporado miles de buses eléctricos en la última década, posicionando a la región como una de las más avanzadas fuera de China.
Según datos de la iniciativa ZEBRA (Zero Emission Bus Rapid-deployment Accelerator), América Latina supera ya las 7.000 unidades de autobuses eléctricos en operación, con inversiones acumuladas superiores a los 4.000 millones de dólares.
En 2026, la tendencia apunta a pasar de proyectos emblemáticos a escalas sistémicas, integrando buses eléctricos con planificación urbana, financiamiento verde y generación renovable.
Flotas y logística: el siguiente gran salto
Más allá del transporte público, 2026 será clave para la electrificación de flotas comerciales, de reparto y servicios urbanos.
Empresas de logística, comercio electrónico y movilidad compartida están acelerando la adopción de vehículos eléctricos para cumplir objetivos de reducción de emisiones y optimización de costos operativos.
La electrificación de flotas permite retornos más claros que el vehículo particular, gracias a recorridos predecibles y carga centralizada.
En América Latina, este segmento se perfila como uno de los principales motores de crecimiento, especialmente en ciudades con restricciones ambientales y altos costos de combustible.

Zonas de Bajas Emisiones y regulación urbana
Las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) seguirán expandiéndose en 2026, especialmente en ciudades grandes y medianas. Sin embargo, el foco se desplaza hacia su implementación efectiva, la fiscalización y la aceptación social.
La experiencia europea ha demostrado que las ZBE sin infraestructura suficiente o sin alternativas de transporte accesibles generan resistencia.
Para América Latina, el desafío será adaptar estos modelos a contextos urbanos con alta informalidad, desigualdad territorial y dependencia del transporte público.
Integración con el sistema eléctrico
La movilidad eléctrica no puede crecer de forma aislada. En 2026, la integración entre transporte y sistema eléctrico será un tema central.
La carga simultánea de miles de vehículos plantea retos para la estabilidad de la red, especialmente en horas pico.
Por ello, ganan relevancia soluciones como la carga inteligente, la gestión de demanda, el almacenamiento en baterías y el uso de energías renovables en estaciones de carga.
Tecnologías como el Vehicle-to-Grid (V2G), aunque aún incipientes en la región, comienzan a aparecer en pilotos y marcos regulatorios.

Políticas públicas, financiamiento y nuevos negocios
En los mercados más avanzados, 2026 marcará una transición desde subsidios directos a políticas más estructurales, orientadas a la competitividad industrial, la producción local y la resiliencia de las cadenas de suministro.
En América Latina, países como Brasil y México empiezan a discutir la electromovilidad no solo como política ambiental, sino como oportunidad industrial, vinculada a manufactura, ensamblaje, baterías y componentes eléctricos. Este enfoque será clave para atraer inversión y generar empleo en la transición.
Por otra parte, la sostenibilidad financiera de la electromovilidad será otro eje crítico en 2026. El sector avanza hacia modelos basados en servicios: pago por uso, leasing de baterías, contratos de energía y esquemas de financiamiento verde.
Bancos de desarrollo, fondos climáticos y organismos multilaterales seguirán desempeñando un rol clave en América Latina, especialmente para transporte público e infraestructura, donde el capital privado aún percibe riesgos elevados.
2026 como año de consolidación
Más que anuncios ambiciosos, 2026 será un año para medir resultados. La movilidad eléctrica y de bajas emisiones dejará de evaluarse por el número de proyectos piloto y pasará a juzgarse por su capacidad de operar a escala, reducir emisiones reales y mejorar la calidad de vida urbana.
Para América Latina, el reto será capitalizar su experiencia en transporte público eléctrico, cerrar brechas de infraestructura y construir políticas estables que permitan que la transición no solo sea verde, sino también inclusiva y económicamente viable.
En este contexto de transformación regional, Latam Mobility invita a formar parte de la Gira de Encuentros 2026, una plataforma clave para conocer en profundidad la evolución del mercado, las tendencias tecnológicas, los modelos de negocio y las oportunidades de inversión que están definiendo el futuro de la movilidad sostenible en América Latina.
La gira recorrerá los principales mercados de la región: Monterrey y Ciudad de México, Brasil, Colombia y Chile. A lo largo de estos encuentros, líderes del sector público y privado, empresas, inversionistas y expertos internacionales analizarán el presente y futuro de la movilidad eléctrica, la innovación tecnológica, la infraestructura, la energía y la economía climática.
La transición ya está en marcha. La Gira 2026 de Latam Mobility será el punto de encuentro para acelerar decisiones, conectar actores clave y construir, de forma colaborativa, la movilidad sostenible de América Latina.



