Un nuevo estudio científico titulado “The electric vehicle transition and vanishing fuel tax revenues”, realizado por Bessie Noll, Tobias S. Schmidt y Florian Egli y publicado en la revista Nature Sustainability, señala que la acelerada adopción global de vehículos eléctricos está reduciendo de forma sustancial los ingresos fiscales derivados de los impuestos sobre combustibles fósiles.
Este fenómeno está exponiendo presupuestos gubernamentales y obligando a los países, incluidos varios de América Latina, a replantear sus sistemas tributarios para evitar brechas fiscales crecientes y asegurar la financiación de infraestructura pública clave.
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Fenómeno global con implicaciones fiscales
La transición hacia los vehículos eléctricos (EVs) ha cobrado ritmo a nivel mundial. A medida que los automóviles con motores de combustión interna dejan de ser el estándar y las ventas de EVs aumentan año tras año, las tradicionales fuentes de ingresos fiscales, como los impuestos a la gasolina y el diésel, están disminuyendo.
El estudio recoge datos de 168 países y estima que en 2023 los ingresos públicos provenientes de impuestos a combustibles alcanzaron alrededor de USD 920 mil millones, una cifra que ya empieza a verse erosionada conforme crece la electrificación del transporte.
Esta caída en ingresos plantea retos presupuestarios importantes para gobiernos que dependen de esos recursos para financiar infraestructura vial, transporte público y otros servicios esenciales.
La transición a EVs, aunque positiva desde la perspectiva ambiental, está transformando también el contexto económico y fiscal global con consecuencias profundas y urgentes.
Disparidades entre países y exposición fiscal
El análisis revela que la exposición fiscal, medida como la proporción de ingresos totales del gobierno que proviene de los impuestos a combustibles, varía considerablemente según el nivel de ingreso del país.
En los países de bajos ingresos, los impuestos a combustibles representan una parte significativamente mayor del total de ingresos gubernamentales que en las economías de altos ingresos, lo que los hace más vulnerables a la pérdida de esta fuente de recaudación.
Además, muchos países de menor ingreso enfrentan desafíos institucionales y financieros adicionales, como crisis de deuda o baja capacidad administrativa, lo que limita su capacidad de implementar reformas tributarias complejas con rapidez.
Esto contrasta con las naciones con mayor capacidad institucional, que están mejor posicionadas para adaptarse y diversificar sus mecanismos fiscales conforme disminuyen los ingresos por combustibles.

Proyección de tendencias y riesgos fiscales
El estudio subraya que la transición acelerada hacia vehículos eléctricos continuará reduciendo la demanda de combustibles fósiles para transporte, lo que implicará un descenso aún mayor de los ingresos por impuestos relacionados con gasolina y diésel en los próximos años.
Aunque el crecimiento de la electrificación depende de múltiples factores, como infraestructura de carga, políticas públicas y costos de vehículos, la tendencia apunta a una reducción sostenida de la recaudación tradicional por combustibles.
Las implicaciones de este fenómeno no son homogéneas: mientras que algunos gobiernos cuentan con herramientas fiscales modernas para ajustar su recaudación, otros (particularmente economías emergentes) enfrentan un panorama más complejo, con mayor riesgo de déficits presupuestarios si no se actúa de forma preventiva.
Frente a este desafío, diversos gobiernos están explorando o implementando alternativas fiscales que permitan compensar la pérdida de ingresos por impuestos a combustibles sin frenar la transición energética. Algunas de las opciones en discusión incluyen:
- Impuestos por uso de infraestructura, como tasas por kilometraje recorrido que se adapten a un parque automotor más electrificado.
- Gravámenes específicos a vehículos eléctricos o tarifas anuales diferenciadas, que permitan que los EVs también contribuyan al financiamiento de la red vial.
- Reformas tributarias más amplias, incorporando mecanismos que equilibren sostenibilidad ambiental y sostenibilidad fiscal.
Estas estrategias buscan mantener la recaudación necesaria para inversión pública sin desincentivar el uso de tecnologías limpias, aunque su implementación requiere análisis detallado de equidad, capacidad administrativa y efectos económicos.

Impacto en América Latina
En América Latina, donde la adopción de vehículos eléctricos está en etapas tempranas comparada con regiones como Europa o China, la discusión sobre cómo ajustar las estructuras fiscales ya ha empezado a tomar forma.
Algunos países han introducido incentivos fiscales para EVs, como exenciones temporales de impuestos o créditos fiscales, con el objetivo de fomentar la adopción mientras se protege la recaudación pública.
No obstante, la región enfrenta desafíos particulares: elevados costos de importación, infraestructura de carga limitada y márgenes fiscales reducidos que hacen más urgente diseñar marcos tributarios que equilibren incentivos a la electrificación con fuentes de ingresos sostenibles y equitativas.
Por ello, la evidencia recogida por el estudio muestra que también transforma de manera profunda los sistemas de recaudación fiscal que muchos gobiernos han utilizado por décadas.
Para evitar brechas fiscales y asegurar la continuidad de inversiones en infraestructura y servicios públicos, los países deben avanzar hacia marcos tributarios más flexibles y adaptados al contexto de movilidad eléctrica.
Esto implica no solo reformar impuestos y tasas existentes, sino también considerar mecanismos innovadores que mantengan la equidad y la eficiencia del sistema tributario en un mundo con transporte cada vez más electrificado.
El espacio para entender y acelerar la transición
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La transición ya está en marcha. La Gira 2026 de Latam Mobility será el punto de encuentro para acelerar decisiones, conectar actores clave y construir, de forma colaborativa, la movilidad sostenible de América Latina.



