En el «Latam Mobility North America 2026«, celebrado en el Auditorio San Pedro, expertos de primer nivel se dieron cita para analizar uno de los eslabones más críticos para la descarbonización de las ciudades: la cadena de valor del transporte público.
El panel titulado «Cadena de valor del transporte público: de la manufactura a la operación» reunió a voces autorizadas del sector académico, empresarial y gremial para diseccionar los retos y oportunidades que implica la transición energética en el transporte masivo de personas.
La conversación, moderada por Andrés García Giraldo, director de Movilidad de Invest In Latam, contó con la participación de César Montiel, jefe de la Unidad de Laboratorio Nacional en Sistemas de Transporte y Logística del Instituto Mexicano del Transporte (IMT); Juan Carlos Díaz, CFO de ZEmobility; Javier Hernández, asesor de Grupo CISA; y Nicolás Rosales, presidente de la Asociación Mexicana de Transporte y Movilidad (AMTM).
Juntos, abordaron la compleja ecuación que va desde el diseño y la fabricación de los vehículos hasta su operación diaria en las calles, pasando por el financiamiento, la normativa y la experiencia del usuario.
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Los ejes de una transformación profunda
Andrés García Giraldo dio inicio a la sesión planteando la pregunta central: ¿cómo asegurar que la cadena de valor del transporte público, desde la manufactura hasta la operación, responda a las necesidades de sostenibilidad, eficiencia y equidad que demandan las ciudades modernas?
La respuesta, a lo largo del diálogo, evidenció la necesidad de un enfoque sistémico y de una colaboración sin precedentes entre todos los actores.
Desde la perspectiva académica y técnica, César Montiel, del IMT, subrayó la importancia de la planeación basada en evidencia y en el conocimiento profundo de las dinámicas locales. “No podemos hablar de una transición exitosa si no entendemos primero las particularidades de cada ciudad y su sistema de transporte«.
«Desde el laboratorio, nuestro papel es generar datos, normas y estándares que permitan que la manufactura de vehículos, ya sean eléctricos o de tecnologías limpias, se alinee con las condiciones reales de operación en México. Esto implica evaluar el desempeño de las unidades en distintos terrenos, climas y patrones de uso, para que los operadores tengan certeza sobre la inversión que realizan”, explicó Montiel.
Su intervención puso de relieve la necesidad de puentes sólidos entre el desarrollo tecnológico y su aplicación práctica.

El eslabón de la viabilidad
Por su parte, Juan Carlos Díaz, CFO de ZEmobility, aportó la visión desde el sector financiero y la proveeduría de soluciones.
En su intervención, destacó que uno de los principales cuellos de botella para la renovación de flotas de transporte público es el acceso a esquemas de financiamiento adecuados y a largo plazo.
“La manufactura de vehículos de cero emisiones ha avanzado enormemente, pero el modelo de negocio para que un concesionario o un municipio pueda adquirirlos y operarlos sigue siendo un desafío mayúsculo. No se trata solo de comprar el autobús, sino de financiar toda la infraestructura asociada: los patios, la recarga, el mantenimiento especializado», explicó.
«En ZEmobility estamos convencidos de que la clave está en ofrecer soluciones integrales que acompañen al operador durante todo el ciclo de vida del vehículo, desde la adquisición hasta la operación diaria, garantizando así la rentabilidad del proyecto y su sostenibilidad en el tiempo”, afirmó Diaz.
La experiencia del operador
La visión desde la trinchera de la operación diaria fue aportada por Javier Hernández, asesor de Grupo CISA, quien cuenta con una vasta experiencia en la gestión de sistemas de transporte.
Hernández fue enfático al señalar que la transición tecnológica no puede dejar de lado a quienes operan y mantienen las unidades.
“El salto a nuevas tecnologías, como la electromovilidad, implica una transformación cultural y operativa profunda. No basta con recibir un vehículo nuevo; hay que capacitar a los conductores, adaptar los talleres, rediseñar las rutas en función de la autonomía y gestionar la recarga de manera inteligente para no afectar la operación», afirmó.
«En Grupo CISA hemos aprendido que la innovación en la manufactura debe ir de la mano con la innovación en los procesos de operación y mantenimiento. La confiabilidad del servicio público depende de que toda la cadena funcione en armonía”, detalló.
Hernández también puso sobre la mesa la necesidad de diálogo con las autoridades para adecuar las regulaciones a las nuevas realidades operativas, desde esquemas de chatarrización hasta la definición de corredores prioritarios para tecnologías limpias.

El rol de las asociaciones
Cerrando la ronda de intervenciones, Nicolás Rosales, presidente de la AMTM, ofreció una perspectiva gremial y de política pública, y enfatizó la importancia de la unidad del sector para dialogar con los diferentes niveles de gobierno y con la industria manufacturera.
“Desde la AMTM, nuestro objetivo es ser ese puente que cohesione las necesidades de más de 60 mil concesionarios y operadores en el país. La cadena de valor no termina cuando el vehículo sale de la fábrica; continúa en las calles, en la relación con el usuario y en la capacidad del operador para prestar un servicio digno y eficiente», dijo.
«Necesitamos políticas públicas que incentiven la renovación de flotas, que homologuen criterios a nivel nacional y que, sobre todo, reconozcan la importancia del transporte público como estructurador de ciudades más justas y sostenibles”, señaló Rosales.
El presidente de la AMTM también hizo un llamado a la colaboración con instituciones como el IMT para que las normas que se generen sean aplicables y no representen barreras para los pequeños y medianos transportistas.
Lecciones para el futuro
El diálogo entre los panelistas permitió identificar puntos de consenso fundamentales. Coincidieron en que la descarbonización del transporte público no es un objetivo que se logre únicamente con la adquisición de vehículos de última generación.
Es un proceso complejo que requiere:
- Planeación normativa y técnica: Con estándares claros y adaptados a la realidad local, liderados por instituciones como el IMT.
- Innovación financiera: Con modelos de negocio que hagan viable la inversión a largo plazo para los operadores.
- Fortalecimiento de capacidades: Para que la operación y el mantenimiento de las nuevas tecnologías sean exitosos.
- Unidad gremial y diálogo público-privado: Para construir políticas públicas que den certidumbre y fomenten la inversión.
La conclusión fue unánime: solo a través de la integración de todos los eslabones de la cadena, la manufactura, el financiamiento, la normativa y la operación, se podrá construir un transporte público a la altura de los desafíos del siglo XXI.

Un 2026 de consolidación para la movilidad
El «Latam Mobility North America 2026» en San Pedro Garza García reafirmó el papel de la región como un polo de discusión y acción en materia de movilidad sostenible.
Tras el éxito de esta jornada, los organizadores invitan a la comunidad de movilidad a mantenerse atentos y participar en la Gira 2026 de Latam Mobility, que recorrerá los principales mercados de la región.
La gira recorrerá los principales mercados de la región: Ciudad de México, Brasil, Colombia y Chile. A lo largo de estos encuentros, líderes del sector público y privado, empresas, inversionistas y expertos internacionales analizarán el presente y futuro de la movilidad eléctrica, la innovación tecnológica, la infraestructura, la energía y la economía climática.
La transición ya está en marcha. La Gira 2026 de Latam Mobility será el punto de encuentro para acelerar decisiones, conectar actores clave y construir, de forma colaborativa, la movilidad sostenible de América Latina.



